Imágenes católicas y colguijes, entre otros hábitos extraños que se pensaría que con el paso de los años, centurias o milenios, estas prácticas deberían haber desaparecido, pero no es así.

Cientos de costumbres católicas tan antiguas que muchas veces no sabemos siquiera su origen ni porque empezaron a practicarse.

Pasa por ejemplo con las imágenes que tanto nos critican a los católicos. Casi todos traemos nuestra estampa del Niño Jesús, nuestra estampita del Santo Niño de Atocha, del Sagrado Corazón de Jesús o de la Virgen María en alguna de sus muchas advocaciones. Incluso yo mismo traigo en mi cartera una foto que me regalaron de Santa Teresa de Calcuta.   

Nos critican por esto y nosotros nos cansamos de explicarles que no adoramos a las imágenes. Que simplemente estas, sobre todo cuando son de Jesús, del Espíritu Santo, de la Virgen, de algún Santo o de otro símbolo de nuestra iglesia católica,  nos sirven para enfocar nuestra mente en las cosas de la Iglesia.

Cuando sacamos aquella estampa, cuando sentimos el escapulario en nuestro cuello o la cruz en nuestra garganta recordamos que somos católicos.

Cuando estoy en mi trabajo, en mi escuela, en la calle o de vacaciones, abro mi cartera porque tengo que mostrar mi credencial de elector para hacer algún trámite, o para tomar dinero para hacer algún pago; y antes que un billete o mi credencial de elector sale el rostro de Santa Teresa de Calcuta, algo pasa en mí.

Siento algo especial que me transforma. Al ver el rostro amable de esta Santa se endulza el mío. El tono de mi voz se modula y aquel trámite que iba a ser molesto simplemente transcurre de mejor manera.

Estoy convencido que este cambio también pasa con aquellos que traen un Rosario colgado en el espejo de su automóvil. Creo que eso los frena, los detiene.

En ocasiones vemos a alguno que va manejando de forma inapropiada. Gritando y dando bocinazos, o que se atraviesa un semáforo en rojo.

Y notamos el Santo Rosario colgado en el espejo de su auto.

Pero con todo, creo que está manejando bajo el influjo de aquel Rosario que le recuerda que es católico y que debe de manejar bien. Que debe de respetar a los demás y no debe gritar improperios.

Prefiero no pensar cuan peor manejaría si no trajera aquel Rosario colgado en su espejo.

Pues bien, la religiosidad popular es la que ha mantenido a la Iglesia en los momentos más duros por los que ha pasado. Y  no importa cuanto se piense que son arcaicas, incultas e incluso inútiles.

Estas prácticas, usos o hábitos llegaron para quedarse y difícilmente desaparecerán.

El uso común de imágenes católicas llegó para quedarse.

Bendiciones.

José Luis Contreras S.

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Publicado por JoseLuis

Evangelizador dentro de la Iglesia Católica desde 1990 Participando en Cursos, Talleres, Retiros y Congresos, además de evangelización por Internet desde el año 2000.

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